sábado, 23 de agosto de 2008

HOMBRE Y MUJER: “PAREJA DISPAREJA”

“Cuando los hombres y las mujeres son capaces de respetar y aceptar sus diferencias, el amor tiene entonces la oportunidad de florecer”.

John Gray (“Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”, pag. 30)

- ¡Tú no me comprendes!

- ¡Yo solo quiero salir un rato con mis amigos!

Estas pueden ser las últimas palabras que se dirige una pareja (que ya no sería más una “pareja”) luego de una ardua discusión y mucho (o poco) tiempo de convivencia. Palabras conocidas y empleadas por muchos, entendidas por pocos.

Me pregunto: ¿por qué es tan difícil mantener una relación amorosa? Iniciarla es relativamente fácil, a algunos les basta solo un “click” para que la magia envuelva su vida y dirija sus comportamientos. Y bueno, terminarla es, también, relativamente fácil: “no nos entendemos”, “peleamos mucho”, o la típica –y odiada- frase: “te mereces a alguien mejor”.

Iniciemos por definir lo que significa una relación amorosa. Las personas, como seres sociales, interaccionamos diariamente con diferentes personas, en diferentes contextos, logrando establecer relaciones basadas en diferentes criterios: confianza, seguridad, estabilidad laboral, alegría, conocimiento, amistad, placer, deseo y claro, amor. Estos criterios (existen muchos más) se mezclan y, dependiendo de la intensidad que se le agregue, las relaciones que se sustentan en tales pueden volverse eternas. Entonces, dependiendo del criterio que prioricemos, se establecen relaciones amicales, fraternales, laborales, familiares y amorosas, que enfocan al amor como el fundamento de su relación. Este amor es muy diferente (o debería serlo) al amor fraternal, paternal, amical y otros más que experimenta una persona en su vida. Es el amor que “nace” voluntariamente cuando descubrimos cualidades, atributos, (el aspecto físico también está incluido) y compatibilidades con esa persona “especial”, es decir, observamos componentes cognitivos (pensamientos e ideas similares o tan diferentes que nos atrae por polaridad) y afectivos (sentimientos y emociones positivos que se orientan a buscar y desear el bienestar del ser amado) en la persona. La inclinación hacia uno de estos factores va a determinar las expectativas que cada persona se forma en torno a su “pareja ideal”, su “media naranja”. Lo importante es ser conscientes de nuestras expectativas y analizar si son realistas y, sobre todo, saludables.

Muchas veces las parejas se separan porque sus expectativas no concuerdan o se acercan a los patrones de sus relaciones actuales. Cuando decimos: “no pensaba que pudiera hacerme eso”, estamos afirmando que nuestras expectativas no han sido cumplidas y, por ende, es normal sentir enojo y tristeza. Citando a John Gray (2000): “Suponemos erróneamente que si nuestros compañeros nos aman, reaccionarán y se comportarán de cierta forma, la forma en que nosotros reaccionamos y nos comportamos cuando amamos a alguien”. Ello es complementado por Fritz Perls (citado por Sánchez, 2008): “Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en este mundo para llenar tus expectativas. Tú no estás en este mundo para llenar las mías. Tú eres tú y yo soy yo. Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso. Si no, no puede remediarse”. Si nos guiáramos por esta premisa, no conoceríamos la obsesión en una relación amorosa, simplemente amaríamos a nuestra pareja y seríamos felices recibiendo el amor que puede darnos, de la manera en que conozca y desee brindarnos su amor. Lamentablemente, por las diferencias sociales, culturales y personales, no todas las maneras de amar son saludables, es por ello que debemos tener cuidado al momento de intercambiar el afecto con el ser amado, si no nos sentimos a gusto con la manera en que nuestra pareja expresa su amor hacia nosotros, entonces es mejor agradecer y alejarse.

Si bien es cierto que no tenemos la obligación de satisfacer las expectativas de nuestra pareja, también es cierto que cuando nos comprometemos en una relación amorosa, nos comprometemos en interaccionar, compartir y comprender a la otra persona. Por el amor, las vivencias y el compromiso entre ambos, las expectativas fluyen espontáneamente en ambos. Ahora bien, ¿por qué nuestras expectativas son diferentes? Porque nosotros somos diferentes de por si, por nuestras experiencias, los modelos instaurados desde la infancia, por lo que hemos observado y por lo que nos han contado. Sea cual sea la razón, las diferencias más marcadas se dan justamente entre hombres y mujeres. John Gray (2000) emplea una metáfora para explicar las diferencias entre ambos sexos: "Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus": Las diferencias son tan notorias que pareciera como si hombres y mujeres provinieran de planetas distintos y que, por ello, nuestro comportamiento es notablemente diferente. Y claro, al momento de relacionarnos, esas diferencias surgen y generan los conflictos y sufrimientos que “marcan” nuestra vida y dirigen nuestras acciones respecto a futuras relaciones similares. Y usted, que está leyendo este artículo, puede decir: “Que hombres y mujeres somos diferentes es cuento viejo”. Yo aceptaría su opinión y agregaría: “¿Sabe hasta que punto somos diferentes?”. Y puedo estar casi segura de que muy pocos conocen la respuesta.

Entonces, si hombres y mujeres somos tan distintos, ¿podemos realmente formar una pareja? Entiéndase por pareja al “conjunto de dos personas, que tienen entre sí alguna correlación o semejanza” (Microsoft Encarta, 2008), cuando la unión de esas dos personas logra un solo ser. La respuesta es sí, lo que nos falta es orientación para ver saludablemente esas diferencias, así las comprenderemos y beneficiaremos forjando una convivencia satisfactoria, feliz.

¿Y como estoy tan segura de que “sí se puede”? Porque una relación amorosa, una relación de pareja, se basa en el sentimiento más sublime y fuerte que existe: EL AMOR.

Talvez muchos definan al amor como algo más que solo un sentimiento, Les doy toda la razón. El amor es un conjunto de pensamientos, acciones y sentimientos. Es probable que muchos más componentes puedan ayudarnos a dar una definición cada vez más integrativa y completa del amor. Lo que busco, por ahora, es simplemente hacerles recordar que el amor es el sentimiento más hermoso y completo que podemos experimentar en nuestra condición humana. Vivámoslo, disfrutémoslo y aprendamos de él. Puedo asegurarles que, por más doloroso que pueden ser algunos encuentros, siempre se aprende algo. Eso depende de tu perspectiva: “El vaso está medio lleno o medio vacío”.

Les recomiendo el libro de John Gray a aquellas personas que deseen luchar por su felicidad, por rescatar el amor que les robó un suspiro, una mirada, un beso. También tengan presente que un buen terapeuta y/o consejero puede ayudarlos a aliviar sus sufrimientos y encontrar nuevamente el camino que se trazaron JUNTOS cuando decidieron compartir su amor.

Y recuerden:

“El amor, por ser mágico, puede durar eternamente, siempre y cuando recordemos que somos diferentes”

Bibliografía:
Ø Gray, J. (2000) “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”. 4º Edición. Editorial Océano de México, S. A. de C. V. México.
Ø Microsoft Encarta (2008). “Diccionario DRAE”. Microsoft Corporation.
Ø Sánchez, A. (2008) “Un primer contacto con la gestalt”. 1° Edición. Impresión SGA. Perú.

1 comentario:

Lucas Tarazona Minaya dijo...

Felicitaciones, un gran paso. A ese ritmo alcanzaremos grandes cosas en equipo..